Estos días, los colegios, universidades, centros pastorales, entidades sociales y comunidades de la Compañía de Jesús en España retoman su actividad habitual. Comenzamos un nuevo curso, pero con la misma vocación de siempre: acompañar a las personas, anunciar el Evangelio y, desde realidades muy diversas, responder a los retos de nuestro tiempo.
Septiembre es tiempo de volver a empezar. Y aunque cada obra de la Compañía de Jesús tiene su propia realidad y su manera de hacer, todas comparten una misma misión. Educar, investigar, acompañar, celebrar la fe, cuidar a las personas que viven situaciones de mayor vulnerabilidad o trabajar por una sociedad más justa son distintas formas de vivir esa misma misión.
Hace casi cinco siglos, uno de los primeros compañeros de San Ignacio, Jerónimo Nadal, resumió esta idea de una manera muy sencilla: «El mundo es nuestra casa». No se trata de estar en todas partes, sino de vivir con los ojos abiertos al mundo y a lo que sucede a nuestro alrededor; dejarnos interpelar por la realidad y estar dispuestos a servir allí donde más nos necesitan.
«Cada curso nos invita a volver a preguntarnos dónde nos espera hoy el Señor y cómo podemos responder con generosidad a los retos de nuestro tiempo», señala Enric Puiggròs SJ, Provincial de España. «Nuestra misión nace siempre del encuentro con personas concretas y de la convicción de que el Evangelio sigue siendo una buena noticia para nuestro mundo».
Precisamente, una de las riquezas de la Compañía de Jesús reside en esa diversidad. Cada colegio, universidad, parroquia, centro de espiritualidad o entidad social tiene su propia misión, pero todos comparten una misma dirección. Ser universales por vocación significa vivir abiertos al mundo, estar atentos a lo que sucede y dispuestos a servir allí donde la realidad nos necesita.

